GTA V – La última vez que hablé con mi hija

Alejandro Pro

Una breve historia de mis últimos días en la exótica ciudad de Los Santos. Simple y amorosa, como la vida en familia.

Mientras juego a Grand Theft Auto V, me meto de forma profunda en el personaje. Su panza es la mía, al igual que su fanatismo por el cine clásico. Mi nombre es Michael y soy el mejor ladrón de bancos, pero eso me ha ganado grandes enemigos. Luché contra el odio de mi familia, una familia con la que ahora comencé a hacer las paces.

Mi hermosa esposa, con sus eternos amoríos, que ahora promete reservarme todo su cariño. La decepción que es mi primogénito, atorado en una mentalidad infantil de la que intenta escapar. Y mi hija, obsesionada con alcanzar el éxito mediático de manera simple. Todos dañados como yo, pero llenos del afecto adecuado, el afecto que merezco. He aprendido a quererlos en estas últimas semanas, y ahora estoy comprometido a continuar matando por ellos. Cueste lo que cueste, tan cerca del final, saldremos del otro lado y lograremos ser una familia unida.

Los esfuerzos constantes de una familia moderna...

Precisamente, es mi esposa la que me llama por teléfono. Me reconforta escuchar el sonido de su voz, incluso si es con un tono desesperado para discutir sobre lo último que ocurrió.

  • ¿La encontraste?
  • ¿A quién?
  • ¡A la persona que mandó mercenarios a nuestra casa!
  • Estoy en ello.
  • ¿Estamos a salvo? Dijiste que íbamos a estar a salvo.
  • No va a pasar nada. Lo tengo cubierto, Amanda. Confiá en mí.
  • ¿En serio? ¿Estás seguro?
  • Segurísimo. Mirá, te amo, bebé. Me voy a encargar de esto.

 

Todo está bien. Ella está a salvo, nos amamos, y no puedo evitar una sonrisa a medida que subo a mi moto. Me tomo un momento. Me coloco mi casco. Conduzco por la autopista hacia el horizonte. La vida es buena.

“…llenos del afecto adecuado, el afecto que merezco…”

Mi teléfono vuelve a sonar y no dudo en atender a mi hija. La comunicación es fundamental para la unión; es bueno sentir a toda la familia unida de vuelta.

  • ¿Tracey?
  • Papi, ¿estás bien?
  • Sí, por supuesto. ¿Por qué no?
  • Porque vinieron unos tipos a casa con armas…

 

Pero no escucho nada más, porque, en mi distracción, la moto sale disparada por los aires, y yo vuelo en cualquier otra dirección. Un breve instante en que salgo de personaje, sólo para comprender los peligros de hablar mientras se conduce. Michael sobrevive al golpe, pero yo no habría tenido el mismo resultado. Un impacto algo abrupto.

Vuelvo a mi rol. Me pongo de pie, regreso a mi moto, espero el resto de la charla con mi hija. Pero nunca llega. Conduzco un poco esperando que vuelva a llamar, y nada. Debe estar preocupada por mí, y yo, como padre, me preocupo a la vez por ella. Me detengo a un costado de la ruta (no voy a cometer el mismo error de nuevo) y marco su número. Si ella no llama otra vez, seré yo el que haga el esfuerzo. Quiero saber qué tiene para decirme. Nunca atiende.

Tracey, mi angelito.

Mi hija ya es una adulta. Sé que debo dejar que el pichón vuele en algún momento, y tomo esto como una oportunidad para aceptarlo. Actúo como un padre “cool”, y, en vez de perseguirla, continúo con las misiones que me quedan, pocas como son.

Pero los días pasan, llegan los créditos finales y no vuelvo a oír de ella. El juego terminó, mi hija dejó de ser mi hija y no volví a encontrarla. Nunca habría imaginado que esa sería nuestra última conversación, donde ni siquiera le recordé que la amaba.

Vuelvo a casa, la busco en su cuarto. Tampoco está, incluso cuando encuentro al resto de mi familia. Mi esposa quiere que salgamos en citas y que volvamos a enamorarnos. Mi hijo busca un empleo. Pero mi nena ya no está.

Enciendo el televisor y es así que me entero. Ahora, mi hija pertenece a los programas de chismes. Me alegra que esté logrando su sueño, pero me duele un poco no haberme podido despedir cuando todavía había tiempo. Michael puede haberse reunido con su familia, pero yo, como jugador, me siento muy alejado de esa experiencia.

Esta vez salgo del personaje de manera lenta y dolorosa. Pero es el juego mismo el que logró arrancarme, y el que me robó las últimas palabras de mi hija.

Alejandro Pro
Compuesto de Videojuegos y de Letras por partes iguales, Alejandro se concentra en las historias desde chico. Busca establecer un ambiente optimista e invitar a que todos jueguen, pero pasa la mayor parte de su tiempo distrayéndose con fotos de perritos.