Homeworld: Deserts of Kharak Review

Federico Elli

Un RTS terrestre, precuela de los clásicos Homeworld, desarrollado por Blackbird Interactive, un estudio fundado por veteranos de Homeworld y Company of Heroes. Juntá tu flota y llevalos a la victoria en las arenas de los desiertos de Kharak.

Cuando uno escucha, lee o piensa en Homeworld, lo asocia con mapas gigantes, naves enormes y combate espacial. Homeworld: Deserts of Kharak es eso mismo, pero sin combate espacial. Como lo dice su título, Homeworld transcurre en los desiertos de Kharak, plagados de arena y piedra, sin vida de ningún tipo -salvo la nuestra-.

Nuestra base es un portaaviones terrestre gigante, que al igual que en los juegos anteriores es sumamente lenta y difícil de maniobrar, por lo que requiere de una flota de naves de soporte para cuidarla.

Perdido está el moverse con libertad total en tres dimensiones, dado que el piso nos lo impide, sin embargo el juego no es bidimensional ya que es vital que nuestras unidades ocupen el terreno más alto para obtener una ventaja táctica sobre el enemigo.

No vas a ver nada de esto.

El gigantesco portaaviones que comandamos.

Homeworld: Deserts of Kharak es una precuela del primer juego, lanzado en 1999.

Las primeras misiones explican lo básico.

En rasgos generales este es un juego más simple que los originales, por ejemplo no contamos con la posibilidad de micro-controlar a nuestras unidades en distintas formaciones. Esto es realmente frustrante cuando no podemos lograr que todas nuestras unidades se muevan a la misma velocidad.

Si bien los veteranos de Homeworld pueden llegar a frustrarse un poco, el hecho de que el juego sea una precuela al Homeworld lanzado en 1999 justifica en cierta forma la reducción en la complejidad del gameplay.

En cuanto a la dificultad, contamos con tres niveles y lo más interesante es que las unidades y recursos que queden de la misión anterior serán con los que comenzamos la próxima.

Si por alguna razón nos quedamos sin recursos o nuestra flota es demasiado débil, podemos optar, mediante el menú principal del juego, en comenzar la misión con una flota default. Esto es algo que tuve que hacer al menos tres veces, dado que los recursos dentro de cada nivel son limitados, y simplemente llega un momento que es imposible seguir construyendo unidades.

El vehículo que maneja la protagonista.

Cada misión trae nuevas mejoras para nuestras unidades e incluso unidades nuevas.

La evolución del gameplay y el avance en cada nivel es lineal. Cada una de las trece misiones destraba un nuevo tipo de unidad para construir o mejora que puede desarrollar el portaaviones, y en general, el mapa se encuentra diseñado de manera tal que sea necesario usar lo recientemente adquirido para poder triunfar.

Eventualmente genera cierto cansancio que todos los niveles transcurran en el desierto; hubiera sido interesante visitar algún otro tipo de civilización o alguna cueva subterránea.

Además de las mejoras que se destraban al comenzar una nueva misión, podemos encontrar restos de naves en el mapa, que al destruirlos pueden contener una reliquia, que brindan al portaaviones una habilidad o mejora pasiva, muy necesaria desde ya para ir al ritmo de la curva de dificultad con la que el juego escala.

También el portaaviones tiene cierta energía disponible, que puede ser distribuida en cuatro habilidades: aumentar la armadura, habilitar y mejorar la posibilidad de reparar unidades vecinas, habilitar y aumentar la cantidad de misiles de largo alcance, y aumentar el rango de alcance de las torretas y los misiles. La energía la podemos distribuir libremente, teniendo en cuenta que si cargamos de más, el portaaviones se sobrecalentará y comenzará a perder vida.

El comandante de este portaaviones no tuvo mucha suerte...

La historia en esta iteración de Homeworld es simple, pero funcional. Se encuentra una anomalía en los desiertos de Kharak, y Rachel S’Jet, la protagonista de turno, es la encargada de encontrarla y descubrir para qué sirve.

En el transcurso del largo viaje, la expedición de Rachel se encuentra con ruinas de naves gigantes, algunas excavadas y otras que parecieran haberse precipitado desde la atmósfera, cuya tecnología usará para mejorar su propia flota.

A su vez, un grupo de fanáticos religiosos liderado por K’Had Sajuuk, intentará impedir que descubramos los secretos que la anomalía esconde.

Las vueltas de tuercas y detalles de la historia son contadas mediante cinemáticas muy artísticas; en otros momentos se utiliza el mismo engine del juego, pero lamentablemente, la mayoría ocurre a través de diálogos monótonos al terminar cada misión.

Restos de una civilización pasada… ¿o futura?

K’Had Sajuuk nos perseguirá hasta el fin de los desiertos.

El cambio de controlar naves en el espacio a controlarlas en la tierra, se siente extraño al principio, pero rápidamente te vas a adaptar.

Sin este mapa es muy dificil jugar.

El mapa táctico regresa nuevamente y permite ver un panorama general de todo el terreno, pero no muestra suficiente información sobre las unidades como para ser realmente útil, por ejemplo no se puede saber qué unidades tienen misiles antiaéreos.

A pesar de esto, utilizarlo es fundamental ya que el máximo zoom que el juego nos permite alejarnos, no alcanza para poder hacer prácticamente nada; es realmente limitado.

Existe un modo multiplayer que permite acceso a otra facción, distinta a aquella con la cual jugamos la campaña principal. Cuenta con cinco mapas y permite jugar con hasta seis jugadores en simultáneo. Además cuenta con leaderboards y rankings.

Gráficamente el juego está bien pulido, se puede ver en las imágenes de la review, pero no es ejemplar ni revolucionario. Requiere una PC moderadamente poderosa para correr, al máximo de detalle, los necesarios 60 fps para poder controlar con suficiente precisión las unidades. Ante cualquier bajada o pérdida de frames, existe la posibilidad de que el juego no perciba nuestros clicks o no podamos seleccionar correctamente las unidades.

La banda sonora, con rasgos árabes, transmite perfectamente la soledad y el calor del desierto. El voice-acting es excelente, desde los personajes principales hasta los absolutamente secundarios. Cada tanto las unidades conversan entre sí y cuentan lo que pueden ver o si detectaron algo que vale la pena explorar.

Homeworld: Deserts of Kharak es un juego lento: según qué tan buenos seamos, las campaña puede llevarnos unas quince horas.

El espacio es donde queremos estar...

El regreso de Homeworld deja bastante que desear, pero creo que expliqué en detalle todas las cosas que me parecieron un paso atrás para la saga. De todas formas, es un buen juego de estrategia que cualquier amante del género va a saber apreciar. Y si no jugaron a los originales, aprovechen las ediciones HD lanzadas recientemente, porque realmente son juegos excelentes.

¿LO JUEGO?

Un juego más en la saga de Homeworld, se merece ser jugado.

Checkpoint opina…

beto_web

Como amante de los juegos de estrategia, me encanta la saga Homeworld. Una lástima que esta vez la madre nodriza no nos haya trasladado a una iteración que esté a la altura de sus clásicos predecesores. Esta vez el hogar no es tan dulce hogar…

Lo Bueno

  • La adaptación de Homeworld a un plano “2D”.
  • El voice-acting.
  • El estilo de las animaciones.
  • Mapas gigantes.
  • El mapa táctico.

Lo Malo

  • Perder la libertad de moverse en el espacio.
  • La lentitud: muchas veces quise un botón de al menos 2x.
  • No tiene control fino de unidades.
  • Poca variedad de unidades.
  • El zoom limitado de la cámara.
  • Algunos problemas de performance.
7.5

Bien logrado

Federico Elli
Fede, pasó por consolas de Nintendo, pero tiene especial pasión por todo lo que sea PlayStation. Ama jugar, tanto como el cine, las series o leer un buen libro. Juega videojuegos desde que tiene memoria. En general le gustan todos los juegos, sobre todo los de aventura. Prefiere los juegos innovadores por sobre las sagas repetitivas.