Obey Me Review

Guillermo Valdovinos
PC PS4 Xbox One

Error 404 Game Studios debuta en la escena del desarrollo argentino de videojuegos con ‘Obey Me’, un juego que sorprende en todos sus aspectos.

Incontables son las perspectivas desde las que se ha relatado la mitológica y eterna guerra entre el Cielo y el Infierno por las almas de los humanos, aun en los videojuegos: algunas con tinte más serio y épico, como El Shaddai: Ascension of the Metatron, y otras que se lo toman con más liviandad como Bayonetta, o la famosa obra literaria de Terry Pratchett y Neil Gaiman “Buenos Presagios”.

‘Obey Me’, la ópera prima de Error 404 Game Studios, entra dentro de la última categoría, poniéndonos en la piel de Vanessa Held -”V”-, una demonio Cazadora de Almas de categoría menor que, junto a su fiel perro infernal ‘Monty’, son enviados por Ammon, el demonio Archiduque de la Avaricia, a su primer misión de importancia: asesinar a Ors, otro demonio que pareciera haber perdido el rumbo.

Armada inicialmente de una daga y su filosa lengua, V comenzará la búsqueda del traidor en la ciudad, para poco a poco ir desentrañando una conspiración mucho más grande que nuestros cínicos protagonistas.

Gráficos divinos…¿o infernales?

Tendremos una amplia gama de armas a nuestra disposición.

Por donde primero entra ‘Obey Me’ es por los ojos: su apartado gráfico deslumbra desde su inicio.

Tanto el arte como las animaciones de nuestros protagonistas y todos y cada uno de los esbirros infernales que nos acechan son de primera calidad.

Esa misma línea siguen los escenarios, que si bien no son muchos por la escueta duración del juego (unas seis horas aproximadamente), no por ello dejan de querer ser recorridos y explorados en su totalidad.

El juego se presenta en una perspectiva isométrica, que a priori -y dada su temática- evoca al clásico Diablo, pero nada más lejos de ello: estamos ante un brawler hack ‘n slash hecho y derecho, compartiendo más puntos en común con God of War que con la franquicia de Blizzard.

En ese espíritu, Vanessa no sólo contará con Azia, su arma inicial, sino que al igual que los mentados Kratos y Bayonetta, irá consiguiendo más armas -con nombres igual de originales- que no sólo se irán adecuando a cada situación que transitemos, sino que además las podremos intercambiar en medio de un combo para hacerlo más destructivo.

Y no sólo eso: Monty, además de ser el personaje con las mejores líneas de diálogo del juego, es un arma en sí mismo, ya que atacará a nuestra par de una manera constante y agresiva, deteniéndose sólo ante nuestra orden de fusionarse con nosotros. Sí, leíste bien: fusionarse.

Por donde primero entra ‘Obey Me’ es por los ojos: su apartado gráfico deslumbra desde su inicio.

De todo el abanico de movimientos y habilidades que pone a nuestro alcance ‘Obey Me’, hay tres que son fundamentales en la mecánica del juego: el “Warp”, a través del cual V puede transportarse de un punto al otro en un corto rango; la susodicha “Fusion”, el cual fusiona a V y Monty para darle más poder a nuestra demonio, más la posibilidad de disparar una símil escopeta; y el “Trigger Skill”, la habilidad por la cual se le ordena a Monty atacar a un enemigo que se encuentre en el rango del sello que aparece.

De esa manera, debemos procurar atacar a los enemigos para “cargarlos” -veremos una barra azul que nos lo demuestra-, para luego usar la “Trigger Skill” y convertir esa carga en orbes azules que llenen nuestra propia barra azul: la de Fusión. Además de dichas orbes, debemos hacernos con las clásicas de color rojo para restaurar nuestra barra de vida, y las blancas para adquirir puntos que nos permitan aprender nuevas habilidades tanto con Vanessa como con Monty.

Va a haber que afilar esos reflejos...

El arte del Códex llama a llenarlo por completo.

Sistema de puntaje muy a lo DMC.

Todo lo descrito permite que el juego se divida en dos partes sustanciales: las de exploración, donde podremos recolectar orbes y encontrar coleccionables tales como aditamentos para nuestro Códex (el glosario que sirve tanto de bestiario como de complemento a la historia), para lo cual también tendremos que hacer uso del Warp, ya que los obstáculos nocivos sobran; y las de batalla frenética, donde ‘Obey Me’ no nos dará respiro alguno y pondrá a prueba nuestras habilidades.

Dado ello, recomiendo enfáticamente la utilización de un gamepad, ya que si bien el mapeo del mouse y teclado es bueno, claramente el juego está diseñado para brillar ante el uso de un joystick.

Muy a lo Devil May Cry, al terminar nuestras batallas, éstas serán calificadas según eficiencia, tiempo y daño, lo cual se traducirá en orbes blancas y, consecuentemente, en una eventual mejora para nuestros protagonistas.

Vanessa no sólo contará con Azia, su arma inicial, sino que irá consiguiendo más armas -con nombres igual de originales- que no sólo se irán adecuando a cada situación que transitemos, sino que además las podremos cambiar en medio de un combo para hacerlo más destructivo.

Eventualmente, hasta podremos invocar nuestros propios esbirros.

‘Obey Me’ no sólo destaca en su aspecto artístico y gráfico, sino que la música que le hace compañía es un deleite para los oídos. Desde el tema principal hasta los ambientales que tan bien saben aclimatar el contexto donde suenan, todos ayudan a convertir el juego en una experiencia bíblica, tal como claramente los devs intencionaron.

Sumado a ello, tenemos una historia interesante y muy bien escrita, con diálogos fenomenales: no hay situación que no esté adornada por un brillante comentario por parte de V y/o Monty que ponga en resalto su extremo cinismo, lo cual es perfectamente complementado por el gran voice acting impreso al juego.

De hecho, por dar un ejemplo, el actor de voz de Monty es Austin Lee Matthews, quien hizo la voz de Roche en la última obra de SquareEnix: Final Fantasy VII Remake.

Está más que claro que para su debut, Error 404 Game Studios tiró toda la carne al asador, y por suerte quedó todo perfectamente a punto.

Nada es perfecto, y ‘Obey Me’ no escapa a esa aseveración: en su release, el juego contaba con algunas fallas que los devs han ido resolviendo, y al momento de salida de esta review, ya existe un parche que arregla bastantes de ellas. Sin embargo, donde más ha sufrido este título es en su porteo a consolas, ya que por momentos el frame rate cae estrepitosamente. Recomendamos por ello -y por qué no, por el precio también-, al menos por ahora, jugarlo en PC.

Como complemento, ‘Obey Me’ nos brinda la posibilidad de jugar co-op tomando un segundo jugador el control de Monty, algo no tan visto en este género, y que es más que bienvenido, ya que a veces esto de luchar contra seres del infierno puede ser algo abrumador para una sola persona.

Además, este juego goza de amplia rejugabilidad, ya que no sólo nos alentará a llenar el mentado Códex y poder gozar de sus hermosas ilustraciones, sino que al terminar el juego se nos desbloquean skins dignas de ser usadas en una segunda vuelta.

En conclusión, ‘Obey Me’ es un título que sobresale no sólo por ser un producto indie autóctono, sino por entender cómo funciona el género elegido y saber implementar correctamente todas las herramientas que hacen a su esencia; si te pican las ganas de jugar un hack ‘n slash como Kratos manda, no busques más: ‘Obey Me’ será tu bendición.

¿LO JUEGO?

¡Por supuesto! ¿Acaso no pensás obedecer?

Lo Bueno

  • Historia interesante y bien escrita.
  • Diálogos sumamente graciosos.
  • Variedad de armas y habilidades.
  • Acción frenética.
  • Arte, animación, y música sobresalientes.

Lo Malo

  • Un poco corto.
  • Por momentos, puede resultar repetitivo.
  • Fallas de frame rate en sus versiones de consola.
8

¡A no dejarlo pasar!

Guillermo Valdovinos
Con el Derecho como vocación, y los videojuegos como pasión, Guille, “el Gurú”, es un gamer integral, con un amor incondicional a Nintendo, pero que se desvive por jugar cuanta cosa sale al mercado...y hasta a veces lo que ni llega a salir. Los géneros que lo pueden son los RPGs -tanto orientales como occidentales-, peleas y aventuras gráficas; con una fuerte tendencia a desenterrar juegos viejos y olvidados -de ahí su apodo-.